Autoras:
Lic. y Prof. Viviana Espósito- Lic y Prof. Graciela Belforte[1]
Resumen
Estas
reflexiones tienen por objeto plantear la necesidad de un vínculo
efectivo entre escuela
y familia, que por circunstancias económicas, sociales y
culturales, son
escenario de violencia
física, verbal y psicológica, que perturba
el clima educativo necesario para aprender y enseñar.
Ya
no se camina en la escuela de la modernidad con verdades absolutas y
con educandos dispuestos a escuchar dócilmente, hoy la escuela no
sostiene la ilusión de procurar un estado de bienestar,
y aparece como foso infranqueable la brecha entre los que más pueden y los
que menos poseen.
¿Qué
decimos, cuando decimos violencia?
¿Dónde está la chispa de la violencia ¿ ¿Cuál es la
provocación a la violencia?
Este
término “ vive” en
el lenguaje familiar, institucional, social y educativo haciendo
surgir una zona de diálogo
o conflicto. Convirtiéndose, este flagelo,
la violencia, en una de las grandes preocupaciones de
los actores del sistema escolar y
del entretejido social,
girando en torno a los alumnos que presentan problemáticas
de adaptación y socialización.
Este
es nuestro eje familia y educación para ser abordado, específicamente,
desde el tema violencia.
A
continuación relataremos
tres experiencias que corrientes en las instituciones educativas.
Caso
a ) Reunión de padres convocados por
el Tutor:
Una
mamá se acercó a otra , con el fin de preguntarle por su hija. La
respuesta de la interrogada no se hace esperar y en ríspidos términos
reaccionó contestándole : - qué pasa? qué pasa ? Con mi hija ehh!!!-La
interlocutora sorprendida ante esta reacción le responde : - No,
quería conocerte, porque nuestras hijas son amigas y se llevan
bien. Más tranquila la otra mamá
sonrió.
Caso
b) Ingreso al aula después del recreo.
Ingresa
al aula un grupo de seis alumnos, la puerta es empujada no con las
manos, sino a puntapiés. Como resultado, se quiebra un vidrio
lastimando la cara de una alumna.
Caso
c) Voló una hoja de papel
Durante
la clase de Formación, Ética y Ciudadana, la profesora está
desarrollando el concepto de generación. Dialoga y formula
preguntas a sus alumnos, en un clima tranquilo y cordial.
Cuando de repente cae una hoja de papel de carpeta de un
alumno.. Esto provoca bromas y causa bochorno a quien le había ocurrido;
que rompe sin intención al
sentarse una hoja de otro compañero. Este reacciona con una trompada.
Con
estos tres hechos elegidos como ejemplos, queremos
señalar que el clima de violencia a que asistimos
cotidianamente en las aulas tiene carácter impersonal
y estalla en cualquier dirección ante el más mínimo
pretexto.
Regueros
de pólvora, ámbitos de chispazos, por estos momentos puede decirse
del clima educativo de muchas de nuestras aulas hoy.
En
los casos mencionados hablamos de impulsividad, de energía gastada
primitivamente, es decir no educada. no instruida, no aleccionada.
En
respuesta a las preguntas con que iniciamos el trabajo
debemos considerar a
esta época como signada
por la disgregación social y resulta muy complejo reflexionar sobre
el confuso entramado que
conforman los modelos de desigualdad y como consecuencia la
creciente espiral de violencia.
Está
en la naturaleza humana ejercer todo tipo de resistencia a la
implementación sistemática de la violencia, sobre todo cuando la
misma tiene que ver con la capacidad de respuesta articulada por la
sociedad frente a la
imposición de niveles
de dominación y sometimiento. Compartimos la convicción de
que (Ministerio de Desarrollo Social) “la mortalidad infantil, la
desnutrición, el desempleo, la falta de vivienda, y la masificación
de la marginalidad son las manifestaciones más sutiles y
destructoras del ejercicio de la violencia.”
Sabemos
que los índices de violencia y criminalidad están íntimamente
ligados al abuso de poder, la concentración de riqueza en
detrimento de la calidad de vida de los más desposeídos ocasionó
a nuestro entender un desmesurado aumento de situaciones de
violencia doméstica en el seno de miles de hogares,
establecimientos educativos y ámbitos de esparcimiento
públicos.
Afirma
Schelmenson (1999): “ El tipo de relaciones primarias determina la
calidad de relación que el niño establece en la realidad en la que
se inserta”... “La funciones parentales que favorecen el
desarrollo psíquico del niño serán aquellas
que donan los suministros y sentidos que orientan el deseo de
la construcción de un espacio autónomo”.
La
familia ha sido impactada por la violencia desde los lugares de
poder a través de la implementación de modelos económicos
excluyentes; esto ha originado al interior de los hogares
situaciones de angustia extrema, deterioro de proyecto de vida, a
través del trabajo como organizador
fundante del día a
día. Las vinculaciones, por estos motivos, se deterioran
y el clima familiar se
tensiona, en consecuencia, se convierte en uno de los orígenes de
la violencia en respuesta de lo que recibe desde el contexto social.
. En estas circunstancias los insultos, la degradación
sicológica, violencia física, la mendicidad, el alcohol, y
otras drogas se hacen presentes enrareciendo el ambiente familiar
que antes se pensaba como el lugar más seguro donde poder estar.
La
ausencia de trabajo hace a la no organización de los tiempos
constituyéndose como la ausencia de norma en la regulación de los
ritmos y tareas familiares.
El
hogar se convierte en un espacio de tensión con ausencia de deseos,
de esperanzas y de ley, antagónico a lo necesitado por el
enmarcamiento que identifica o que es necesario a la institución
educativo.
¿Qué
entendemos por educación? En
líneas generales aquella práctica que permite al ser humano llevar
adelante una vida más digna. Aquí agregaría la idea de Isabelino
A. Siede (2000) “ la
educación es una apuesta de largo aliento, cuya fuerza radica en
creer
que
el conocimiento es y será una herramienta útil para enfrentar
coyunturas más o menos favorables”.
Y
mientras, la escuela se debate en
las tareas de socialización
y de capacitación,
la conflictiva, la más ardua se inscribe entre
la función deseada, asumida e impuesta; descuidando
el objetivo esencial que es el de enseñar –aprender.
Es
función de la escuela del siglo XXI
atender a esta cualidad, ya que como condición de
presupuesto para la adquisición de aprendizajes, se necesita una
disposición cognitiva y emotiva que sea sostén de habilitación.
Es imprescindible por ello intensificar el trabajo disposicional que
desarrolle las aptitudes y actitudes propias y necesarias para el
desarrollo de las actividades escolares.
Lejos
de entenderse como un tiempo perdido se verá grandemente que es
tiempo ganado, no quizás tanto en medidas de rendimiento escolares
sino más bien en cuestiones educativas básicas que permitan la
promoción del ser humano hacia una vida más digna.
Si
bien tenemos presente, que de todas las instituciones, es aún la más
“sostenida” y legitimada, en su lucha y debates
como microsistema relega, desatiende su
objetivo primario.
La
escuela en estos momentos , vibra al compás de lo social. Ella
comparte con el resto de la sociedad estereotipos y
prejuicios hacia determinados sectores sociocullturales, generando
experiencias discriminatorias.
A pesar de estas prácticas,
el ámbito escolar es el más capaz para gestar nuevas
miradas y lecturas hacia el otro. Convirtiéndose en bisagra
entre la sociedad
nacional y global y los grupos marginales.
Dubrof,Delia;
Vairo Cristina y
otros (2000) “A
partir de la teoría sistémica, toda organización se entiende como
un sistema de interacción con el contexto donde todo fenómeno debe
ser abordado en sus relaciones de interdependencia
con otros fenómenos y a los individuos, como agentes
complejos, con cierto grado de autonomía frente a los determinismos
económicos y sociales. Los sujetos se consideran actores
que representan un rol, y en su interacción influye la
interacción de todos los actores que comparten la escena, el público,
la expectativa del director, la personalidad y los recursos propios
de cada actor. La interpretación, entonces, está
sobredeterminada.”
En
relación a la cita anterior, consideramos
a la escuela como el lugar donde los actores, a través, de
diferenciadas y pautadas representaciones y prácticas construyen el
escenario que en parte reproducen
y en parte recrea la cuestión social que la enmarca.
Estereotipos,
roles y funciones y
formación del profesorado son aquellas cuestiones que hacen a la
vida y a la cultura institucional de hoy y que en muchas ocasiones
producen violencia: la llamada violencia simbólica.
Silvia
Duschatzky ( 1999-) dice...” El valor simbólico de la escuela se
inscribe en una suerte de diálogo que se establece entre la
experiencia cotidiana y la experiencia institucional. Diálogo que
no implica armonización de sentidos sino ruptura del
carácter cerrado y unilateral de cada superficie discursiva.
El valor simbólico de la escuela se viabiliza en la contrastación
de sentidos, en la disputa discursiva con un mundo fuertemente
atravesado por lógicas locales de significación. De esta manera,
la escuela viene a quebrar el fatalismo de la vida cotidiana”
Reflexión
final:
A
menudo nos encontramos con jóvenes que reaccionan frente a las
dificultades escolares
o de otra índole, transparentando su historia de experiencias
infantiles. Púberes-adolescentes de gran vulnerabilidad que ante
hechos adversos de la vida escolar, social y familiar provocan una
resonancia afectiva, que pueden quebrarse
fácilmente.
El
docente de hoy ya no
cuenta con el alumno cuyo perfil pertenece a la familia de la
modernidad y el deseo
de participación de los padres se apoya en el estereotipo
Sagastizabal (2000) “de que a los padres y madres de los alumnos
de las zonas urbano-marginales no les interesa la escuela”
Definiendo a estereotipo como
(Tajfel1984) “...el conjunto de atributos asignados a un grupo o
categoría social” El docente ante esta
visión interior, debe modificarla,
porque de lo contrario originará gestos de esquematismos, base
fundamental en la formación de prejuicios que operarán luego como
factores de estigmatización de los sujetos, rasgos que serán la
causa de ser factores
coadyuvantes de marginación. El prejuicio como consecuencia del
estereotipo posee una actitud negativa hacia ciertos grupos o
personas, compuesta por variables cognitivas y afectiva dando por
resultado una evaluación negativa.
Involucrarse
y construir un espacio empático
es poner en juego los dinamismos más profundos del ser humano,
quien sólo desde su interioridad y apertura es capaz de promover el
encuentro entre personas. Eliminar distancias y crear cercanías
para ayudar, sostener y acompañar
al otro, compromete las aptitudes y actitudes dialogales y
genera la experiencia ética del encuentro.
La
confianza y la contención afectiva movilizan las energías
resilientes del ser humano,
los docentes debemos trabajar desde el lugar de la esperanza
depositada en el vínculo entre
que pone su experiencia y
su dedicación al servicio de quienes están transitando
caminos poco fáciles de recorrer.
Poner
en acto una pedagogía humanista y humanizante que rescate los
valores del respeto y la tolerancia en clave de solidaridad y con la
mirada puesta en la justicia, una pedagogía capaz de integrar
flexibilidad y firmeza, porque (Belforte,Blanco,Farías,Lattuca
2000) “Decir maestro
es fundante en la medida en que somos capaces de reconocer que
intentamos día a día con nuestras grandezas y limitaciones que
otros también puedan decir y decirse seres humanos”.
Bibliografía:
Belforte,Blanco,Lattuca,Farías
y otros (2000) .Una conjunción de voces y silencios.Decir y
decirse maestro. Ed. Stella. Buenos Aires. Argentina. p:83
Dubrof,
Vairo y otros (2000).Construir nuestro propio escenario.
Ed.Triunfar.Córdoba Argentina;p:
Duschatzky
(1999).La escuela como frontera. Ed.Paidós, Buenos Aires.
Argentina
Ministerio
de Desarrollo Social-Plan Nacional de Desarrollo Local y
economía Social.
Sagastizabal
(2000).Diversidad cultural y escuela
:estereotipos y prejuicios. Ed.La Crujía. Buenos Aires.
Argentina p:11,12,23,24
Schelmenson
(1999).El aprendizaje un encuentro de sentido .Ed.Kapelusz.
Buenos Aires, Argentina.
Siede
“Escuela
y crisis social: Aportes para un abordaje formativo”
Material
del Posgrado de FLACSO: Teoría del Curriculum y prácticas sociales
Cohorte 2004.
Tajfel(1984)
citado por
Sagastizabal (2000).Diversidad cultural y escuela
:estereotipos y prejuicios. Ed.La Crujía. Buenos Aires.
Argentina p:11,12,23,24
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